Identidad digital y libertad: la petición ciudadana impulsada por el fundador de Mad2Moi

Identidad digital y libertad: la petición ciudadana impulsada por el fundador de Mad2Moi

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Identidad digital y libertad: qué pide la petición ciudadana impulsada por Mad2Moi

Unas cifras para situar el contexto. En 2024, la Unión Europea aprobó el Reglamento eIDAS 2, que prevé el despliegue de una cartera europea de identidad digital (el «EUDI Wallet»), accesible para el 80 % de los europeos de aquí a 2026 (fuente: Comisión Europea). En paralelo, el proyecto europeo conocido como Chat Control —el texto llamado «CSAR» (Child Sexual Abuse Regulation)— pretende obligar a las mensajerías a detectar automáticamente contenidos ilícitos, incluso en las conversaciones cifradas de extremo a extremo (análisis de EDRi).

Estos dos frentes, distintos pero convergentes, dibujan una infraestructura de acceso: quién podrá hablar con quién, firmar qué, acceder a qué servicio, y según qué criterios verificados.

En este contexto, Daniel Ricklin, fundador de Mad2Moi, presentó una petición ciudadana oficial ante la Asamblea Nacional francesa —la cámara baja del Parlamento francés—:

👉 Petición n.º i-5871 — Asamblea Nacional francesa

Lee la petición oficial. Se tarda 2 minutos. Sin obligación de firmarla —está dirigida al Parlamento francés, así que si no resides en Francia probablemente no seas elegible para hacerlo—. Fórmate tu propia opinión.

Quizá no sea más que un comienzo. Pero los comienzos suelen ser silenciosos.

Qué pide la petición, en 3 puntos

  1. Garantizar la libre elección frente a la identidad digital — preservar el derecho a no depender de un identificador digital único para ejercer las libertades propias en línea.
  2. Impedir que el acceso a servicios esenciales dependa únicamente de un identificador digital — bancos, mensajerías, plataformas sociales, apps de citas: ninguno de estos servicios debería poder condicionarse a la presentación de una identidad oficial.
  3. Proteger las libertades fundamentales, la privacidad y el derecho a seguir siendo libre en línea — prohibir los mecanismos de scoring social que agregan comportamientos digitales, y reafirmar el secreto de las comunicaciones en el ámbito digital.

¿Por qué el fundador de una app de citas presenta una petición?

A primera vista, no tiene ningún sentido. Mad2Moi es una aplicación de citas francesa lanzada en 2020. Hoy reivindica más de 23.000 miembros activos, una moderación humana y la ausencia de algoritmos manipuladores.

¿Por qué se compromete su fundador con la identidad digital, un tema en apariencia muy alejado de los corazones que laten y de los matches conseguidos?

Porque no está tan alejado.

Cuando una sociedad instaura un marco en el que cada interacción en línea puede rastrearse, verificarse, puntuarse, autorizarse, no solo se erosiona la libertad política. Se erosiona la libertad relacional. Se erosiona la posibilidad de conocer a alguien, de enamorarse, de mostrarse ante un desconocido, sin que una autoridad tercera —algorítmica o administrativa— introduzca su lógica de verificación en el corazón de la intimidad.

La app de citas es uno de los espacios más íntimos de lo digital. Si ese espacio queda a su vez sometido a identidad fuerte y a scoring social, cambia de naturaleza toda la relación entre privacidad y servicios en línea.

Mad2Moi nació durante la crisis sanitaria —no como una cruzada política, sino como respuesta a una fractura relacional muy real: millones de personas en Francia que ya no podían conocerse como antes, porque criterios externos se habían colado en sus decisiones amorosas.

Cinco años después, la cuestión ha cambiado de escala.

La dulzura de la jaula: la deriva posible

Lo que hace preocupante la época actual no es la distopía de Hollywood. No es un rostro en una pantalla gritando «Big Brother is watching you».

Es la dulzura del deslizamiento.

Es la app que propone «simplificarte los trámites» vinculando tu perfil bancario a tu identidad civil. Es el formulario que sugiere usar un sistema de identificación único «para ahorrar tiempo». Es la plataforma que pide, «por tu seguridad», una verificación de identidad con foto del documento más selfie. Cada mecanismo, tomado por separado, es comprensible. Es su acumulación la que dibuja, sin que ninguna ley lo imponga explícitamente, un entorno en el que el anonimato se vuelve progresivamente imposible.

El riesgo no es una conspiración organizada. El riesgo es estructural: una acumulación de capas técnicas, contractuales y comerciales que transforma poco a poco una comodidad en obligación de hecho.

El scoring implícito que nadie nombra

Mientras se debate públicamente la identidad digital europea, varios mecanismos de scoring conductual se han ido instalando progresivamente, en voz baja, dentro de sistemas privados:

  • el algoritmo de tu banco, que decide si una transferencia a un desconocido merece una llamada de «verificación»;
  • el algoritmo de tu app de citas, que decide si tu perfil «merece» ser mostrado;
  • el algoritmo de tu mensajería, que escanea automáticamente tus archivos adjuntos;
  • el algoritmo de tu plataforma de alquiler, que decide si eres un «cliente de confianza» según tu historial.

Ninguno de estos scores tiene un nombre oficial. Ninguno figura en ninguna ley. Pero existen, deciden, y su acumulación produce sobre cada individuo una mecánica de calificación social difusa, privada, fragmentada y difícil de impugnar. La CNIL, la autoridad francesa de protección de datos (ficha sobre el scoring), recuerda además que las decisiones automatizadas y el profiling deben cumplir garantías precisas —garantías que esta acumulación de mecánicas hace, en la práctica, muy difíciles de ejercer.


Chat Control: cuando la intimidad se vuelve sospechosa

Uno de los elementos más debatidos del momento, y uno de los pilares de la petición ciudadana de Daniel Ricklin, es lo que se conoce comúnmente como Chat Control.

El principio: obligar a las mensajerías (WhatsApp, Signal, Telegram, pero también las apps de citas, los foros, los chats privados) a escanear automáticamente los contenidos intercambiados entre usuarios —incluso en las conversaciones cifradas de extremo a extremo— en busca de contenidos de abuso sexual infantil.

El objetivo declarado es legítimo e indiscutible: proteger a la infancia.

Pero la herramienta en sí plantea cuestiones técnicas y jurídicas de gran calado, como recuerdan los análisis de La Quadrature du Net y de EDRi (European Digital Rights).

Porque un mecanismo que escanea todas las conversaciones privadas de todos los usuarios para detectar un caso concreto es, por naturaleza, una infraestructura de vigilancia masiva. Una vez implantada, nada impide técnicamente ampliar el perímetro de «contenidos ilícitos» buscados: contenidos terroristas (extensión ya mencionada en versiones de trabajo del texto), contenidos «de odio» (definición variable según las mayorías políticas), contenidos de «desinformación» (noción difusa), contenidos que cuestionen la autoridad científica o médica dominante.

Es uno de los efectos bien conocidos de toda infraestructura de doble uso: el perímetro inicial rara vez se amplía por sí solo, pero suele ampliarse bajo presión de urgencia.

Para profundizar en el tema, Mad2Moi publicó un artículo técnico (disponible en francés):

👉 Chat Control : pourquoi votre messagerie privée est en danger

El punto esencial: en Mad2Moi, los mensajes privados entre miembros no se escanean automáticamente. La moderación existe, es humana, está regulada, y no consiste en dejar funcionar un algoritmo silencioso a espaldas de los usuarios para vigilar cada palabra escrita.

La fatiga digital: el caso francés, y un eco más amplio

Para entender por qué esta petición resuena justo ahora, hay que mirar lo que ha ocurrido en los últimos cinco años —en Francia, pero también, con matices locales, en buena parte de Europa y del mundo hispanohablante.

2020-2022: la era Covid. En Francia: confinamientos, certificados de desplazamiento, pasaporte sanitario, apps de rastreo de contactos, identificadores digitales temporales. Millones de franceses descubren lo que significa, en la práctica, necesitar una autorización para salir de casa, entrar en un bar o desplazarse. España y buena parte de América Latina vivieron variaciones del mismo guion: certificados COVID, apps de rastreo, restricciones de movilidad, pasaportes sanitarios propios.

2023-2024: inflación, desconfianza mediática, ola TikTok / IA generativa. Toma de conciencia colectiva —en Francia como en España o América Latina— de que la «realidad» que muestran los flujos de noticias está cada vez más construida, filtrada y jerarquizada por algoritmos opacos. Surge el concepto de fatiga digital: agotamiento frente a las notificaciones, a la presión social permanente, a la validación perpetua.

2026: el regreso en bucle de los miedos sanitarios. Es el año de la prueba. ¿Va a ceder la gente —en Francia y más allá— ante la próxima ola de comunicación alarmista? ¿O ha aprendido algo, colectivamente?

El caso del hantavirus resulta especialmente revelador: mientras los canales de noticias franceses intentaban reactivar en bucle las imágenes de trajes blancos y cuarentenas, las redes sociales respondieron con ironía. El hashtag #hantavirus se convirtió, en cuestión de días, en terreno de burla masiva —un patrón que se repitió, con acentos propios, en otras partes de Europa y de América Latina.

El episodio mediático del hantavirus ilustra algo simple: una parte significativa de la población —no solo en Francia— se negó a embarcarse en el relato alarmista que proponían los grandes medios. Una forma de resistencia emocional colectiva, que no es militante pero sí lúcida.

Esta fatiga, esta desconfianza, esta ironía defensiva son los síntomas de un despertar más amplio sobre la confianza que se concede a los relatos institucionales y a las infraestructuras de gobernanza digital que los acompañan.


Identidad digital y apps de citas: por qué el tema es tan sensible

La identidad digital no es solo una herramienta técnica: es una infraestructura de acceso. Según cómo se imponga o se vuelva obligatoria, puede modificar la relación entre ciudadanos, plataformas e instituciones.

Para una app de citas, la cuestión es todavía más sensible: las preferencias íntimas, las conversaciones privadas y las decisiones relacionales no deben convertirse en datos de scoring o de control social. Es una frontera que merece protegerse explícitamente, porque una vez cruzada, nunca se restablece por sí sola.

Es exactamente la trampa que Mad2Moi identificó en plena crisis sanitaria: detrás de cada «regulación de protección» suele esconderse un efecto anticompetitivo que refuerza a los actores ya establecidos. Las grandes plataformas cuentan con ejércitos de abogados e infraestructuras para cumplir con estas normas; los actores más pequeños, más humanos, más locales, pueden no sobrevivir a estas capas técnicas.

La identidad digital generalizada y el Chat Control, en sus versiones más duras, son de facto barreras de entrada gigantescas para cualquier nueva plataforma europea. El resultado posible: una concentración todavía mayor del poder digital en manos de unos pocos actores internacionales. Justo lo contrario de lo que estas regulaciones dicen defender.


Lo humano antes que el scoring

«Quiero conocer a alguien que me quiera por lo que soy, no por lo que dice mi perfil puntuado que soy.»

Esta frase, en apariencia sencilla, contiene probablemente una de las resistencias más potentes de nuestra época.

Porque amar a alguien es negarse a reducirlo a sus datos. Es aceptar su contradicción, su lado imprevisible, sus opiniones cambiantes, sus pasiones inesperadas. Es rechazar el veredicto de un algoritmo que hubiera concluido, tras quince parámetros optimizados, que esa persona «no era para ti».

Una app de citas que decide en tu lugar a quién «mereces» no es una app de citas. Es un sistema de clasificación.

Una mensajería que escanea tus palabras antes de que el otro las lea no es una mensajería. Es un panóptico.

La lucha por la libertad digital no es solo una lucha técnica. Es también una lucha antropológica: se trata de defender la posibilidad misma de ser humano —es decir, de ser imperfecto, contradictorio, sorprendente, libre.

Descubre Mad2Moi — una forma de conocer gente sin scoring, sin flujo manipulador, con moderación humana y mensajes privados que nadie escanea.

👉 https://mad2moi.com


Qué puedes hacer, sin exagerar

Si todo esto resuena en ti, hay algunos gestos sencillos, que no requieren ni militancia, ni gritos, ni hashtags.

1. Lee la petición. O no la firmes, pero léela antes. Petición n.º i-5871 — Asamblea Nacional francesa. Es un texto dirigido al Parlamento francés, así que si no resides en Francia probablemente no podrás firmarla —pero leer un texto oficial y formarte tu propia opinión, sin que un algoritmo te lo haya recomendado o desacreditado antes, ya es en sí mismo un acto de soberanía digital.

2. Comparte el artículo, con gente real. No por el puntaje de interacción. Para que la conversación exista.

3. Elige tus plataformas con conciencia. Si quieres conocer a alguien, pregúntate qué plataforma respeta mejor tu intimidad. Cómo protegerte de las estafas y la opacidad —son los mismos reflejos que para la libertad digital en general.

4. Rechaza la fatiga. No dejes que la avalancha de información alarmista te adormezca. Recuperar el control empieza por decidir, cada día, a qué le dedicas tu atención.


Daniel Ricklin: el hombre detrás de la petición

Daniel Ricklin no es un activista profesional. No es un editorialista. No es un político.

Es un emprendedor francés, fundador en 2020 de Mad2Moi, que ha pasado los últimos cinco años construyendo una plataforma a contracorriente mientras toda la industria convergía hacia las mismas recetas: algoritmos, scoring, verificación de identidad, moderación automatizada, monetización agresiva.

Ha rechazado, línea a línea, esas decisiones por defecto.

Lo que lo hace creíble en el tema de la libertad digital no es un título académico. Es el hecho de que vive lo que defiende desde hace cinco años, con una plataforma que funciona, que paga a sus empleados en Francia, que modera de forma humana, y que rechaza las técnicas de manipulación conductual.

Su petición no es una jugada de marketing. Es, literalmente, la continuación lógica de cinco años de decisiones técnicas alineadas con la misma dirección.


La pregunta que queda

Quizá nada de esto llegue a materializarse. Quizá las versiones más duras de la identidad digital europea, del Chat Control y del scoring social implícito sean frenadas por los contrapesos jurídicos, democráticos, ciudadanos y mediáticos.

Quizá.

Pero quizá no.

Y la verdadera pregunta, en el fondo, no es «¿qué va a pasar?».

La verdadera pregunta es: ¿quieres esperar a saberlo para decidir qué piensas al respecto?

El silencio es un voto. La inacción es un voto. Seguir usando sin pensar las plataformas que contribuyen a esta pendiente —también es un voto.

El voto contrario es empezar a hacerse la pregunta. Leer una petición. Elegir plataformas distintas. Hablar del tema con alguien cercano. Negarse, con suavidad pero con firmeza, a ser reducido a un perfil puntuado y rastreado.

Quizá el verdadero progreso no sea controlarlo todo.

Quizá el verdadero progreso sea devolver a los seres humanos el derecho a ser, simplemente, humanos. Imperfectos. Impredecibles. Libres.

Esto es lo que Mad2Moi intenta defender desde 2020. Esto es lo que Daniel Ricklin defiende hoy ante la Asamblea Nacional francesa. Y es, quizá, lo que tú puedes elegir defender —a tu escala, a tu ritmo, sin gritos ni odio.

👉 Leer —y firmar, si resides en Francia— la petición n.º i-5871 — Asamblea Nacional francesa


FAQ — Identidad digital, libertad y citas online

¿Qué es la identidad digital?

La identidad digital designa el conjunto de información (estado civil, identificadores, atributos verificados) que permite a un servicio en línea o a una administración reconocer a una persona sin contacto físico. A escala europea, el Reglamento eIDAS 2 prevé la creación de una cartera europea de identidad digital (el «EUDI Wallet») que permitirá a los europeos identificarse y firmar electrónicamente en todos los Estados miembros.

¿Por qué la identidad digital plantea una cuestión de libertad?

Porque una identidad digital generalizada modifica la relación entre libre elección y acceso a los servicios. Si mañana bancos, mensajerías, plataformas sociales o apps de citas condicionan su acceso a una identificación oficial, el pseudonimato —uno de los pilares de la privacidad en línea— retrocede mecánicamente. El debate, por tanto, gira menos en torno a la herramienta en sí que a su carácter obligatorio u opcional.

¿Qué relación hay entre identidad digital y apps de citas?

Las apps de citas tocan dimensiones íntimas: sexualidad, opiniones, preferencias personales, decisiones relacionales. Vincular estos datos a una identidad civil verificada crea un riesgo específico: perfilado, scoring algorítmico, vigilancia conductual. Por eso este sector requiere una protección especialmente fuerte frente a la centralización de datos y la identificación sistemática.

¿Qué es el Chat Control?

El «Chat Control» designa el proyecto de reglamento europeo (a veces llamado «CSAR») que pretende obligar a los proveedores de mensajería a detectar automáticamente contenidos de abuso sexual infantil, incluso en las comunicaciones cifradas de extremo a extremo. El objetivo es legítimo, pero el mecanismo está muy criticado —en particular por EDRi, La Quadrature du Net y numerosos expertos en criptografía— por sus riesgos para la confidencialidad de las comunicaciones privadas y el precedente que crearía. El texto es objeto de debates recurrentes en las instituciones europeas desde 2022.

¿Por qué Mad2Moi toma posición?

Porque Mad2Moi defiende desde 2020 una forma de conocer gente más humana, menos algorítmica, menos opaca, y respetuosa con las libertades personales. La plataforma rechaza el escaneo automático de los mensajes privados, modera de forma humana, y no utiliza mecanismos de scoring opacos. La petición impulsada por Daniel Ricklin prolonga esta línea en el terreno ciudadano.


Alicia Walker escribe para Mad2Moi sobre cuestiones de sociedad, libertad digital y relaciones humanas en la era de las plataformas. Este artículo es un punto de vista editorial, no una consigna. La reflexión es tuya.

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